¡Vaya broma!¿Ahora resulta que quieren que devuelva el dinero que ya tengo en el bolsillo?
¡Eso sí que no!
Instintivamente, me tapé el bolsillo con la mano, como si en realidad tuviera allí una fortuna ,aunque en verdad, no había ni un billete dentro:—Ni pensarlo —respondí con firmeza.
—Entonces, quédate aquí sin protestar. Si yo tengo que irme, tú te encargas de acompañar a Patricia —ordenó Elara, sin dejar espacio para discusión.
Aun así, seguía un poco reacio:—Jefa Elara, no es que me niegue…