Pero jamás podría admitir que se me había parado el miembro. ¡Sería la pérdida total de mi dignidad!
Fingí despertarme, exagerando un poco el movimiento como un actor en escena, frotándome los ojos con teatralidad asombrosa antes de incorporarme. De pronto, me golpeé la frente con la palma de la mano, como si acabara de recordar ene se instante algo crucial:—¡Ah, ya me acuerdo! —exclamé, forzando un tono de sorpresa:— Antes de dormirme, te pedí que me hicieras acupuntura por el dolor en la piern