Inicialmente, pensé que con un buen puñetazo a Manuel podría intimidarlo, hacerlo retroceder, pero él no mostró ni un ápice de miedo. Al contrario, me miró con una mirada llena de odio y veneno.
Probablemente, ante sus ojos, ni siquiera valía la pena que me temiera.
—¡Eres un buen tipo!— dijo Manuel con una sonrisa sarcástica: —Hoy tuviste un gran aliado, pero ¿puedes seguir siendo tan afortunado siempre?
—Mejor reza para que no caigas en mis manos, porque si eso pasa, te juro que te vas a arrep