Capitulo768
Aproximadamente media hora después, Manuel apareció en Sanación Ósea acompañado de un grupo de matones.

El encuentro con un enemigo siempre provoca una gran tensión.

Manuel y yo nos mirábamos con una aversión mutua, ambos claramente irritados por la presencia del otro.

Junto con Manuel, estaban los mismos matones que siempre me habían causado problemas, entre ellos el tal Enrique, el de los cabellos rubios. Y, para mi sorpresa, detrás de Enrique estaba una cara bastante conocida: Emma.

Al ver a Emma, no pude evitar hacer mala cara.

Ella estaba con Mario, ¿cómo es que ahora se encontraba con este tipo rubio?

Esta mujer no era para nada una buena chica.

Pero antes de que pudiera pensar mucho más, Manuel apuntó hacia mí con el dedo y, con voz tenebrosa, me reprendió: —Óscar, ¿eres tú el que está armando alboroto aquí?

—¿Acaso eres el perro faldero de Aquilino? ¿Por qué te sacrificas tanto por él?

Le aparté con rabia la mano de un empujón: —¡Tú, maldito ingrato! ¡Aquilino siempre ha sido b
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