José era, sin duda alguna, una de las personas a las que Eric más quería ganarse.
Lo que Eric jamás imaginaba era que todas sus infidelidades y movimientos habían sido detectados nada menos que por su suegro.
En el fondo, me alegraba por Luna. Menos mal que se había divorciado de él a tiempo, librándose de ese miserable desgraciado. De lo contrario, ahora la que estaría sufriendo sería ella.
Era la primera vez que visitaba la empresa de Eric y, para mi sorpresa, esta tenía un tamaño bastante con