—Paula, tú… esto…
Paula cruzó con tranquilidad los brazos sobre el pecho y me miró con una expresión desafiante: —¿Qué pasa conmigo? ¿Acaso no soy tu clienta? ¿O es que ahora te niegas a atender a los clientes?
Lo negué enseguida: —No es eso, es solo que ahora no estoy en condiciones de hacer algo. Tú misma puedes ver que todavía llevo el brazo enyesado.
—Pero tienes la otra mano más que bien.— Paula una mueca y me miró con insistencia.
Yo aún intentaba encontrar una manera fácil de rechazarla c