Garon, tras recibir mi reproche, me lanzó una mirada fulminante y, con evidente fastidio, me dedicó un sonoro suspiro antes de ignorarme por completo.
La mañana pasó veloz.
Al llegar la hora del almuerzo, fui solo al comedor.
Antes siempre almorzaba con Mario, pero ahora, al verme comiendo en solitario, una sensación de vacío total me invadió.
Sin embargo, esto también tenía su lado positivo. Al menos así evitaba malentendidos innecesarios.
Mientras comía, ni siquiera miré mi celular, perdido en