Zorath lleno de fastidio, dijo:
—Alicia, de veras no hablas nada productivo. Ya casi estamos divorciándonos y sigues con estas pendejadas. ¡Sinvergüenza
Alicia, lejos de molestarse por eso, respondió con indiferencia:
—Sí, soy despreciable. Soy la mujer más patética del mundo. Sé perfectamente que me has sido infiel y aun así sigo en este lugar, humillándome, perdiendo hasta el último rastro de mi dignidad femenina.
Hizo una pausa, de repente su voz se quebró y continuó:
—Pero no puedo evitarlo.