—Óscar, ¿en realidad vas a correr de vuelta? ¿Y tus heridas? —Luna me miraba con gran preocupación.
Sin dudar, respondí: —Luna, ya lo decidí. A partir de ahora, voy a cambiar.
—Entonces, te acompaño. No me quedo tranquila dejándote ir solo.
—No, no hace falta, puedes regresar en auto, yo puedo hacerlo solo.
Luna no pudo convencerme, así que agacho la cabeza y suspiró.
Empecé a caminar de regreso por el camino.
En realidad, no era correr, solo podía caminar, ya que todavía tenía heridas y no pod