Hice como si hubiera encontrado el insecto y extendí mi mano para darle un pequeño golpe: —El insecto ya lo he aplastado, señora de la casa, no debes tener miedo alguno.
La señora de la casa suspiró aliviada: —Cuando era pequeña, una vez me picó un insecto muy grande, desde ese entonces les tengo un miedo terrible.
—Óscar, de verdad te agradezco mucho por todo esto.
Me sentí algo culpable y respondí: —No es nada, de verdad. Solo te ayudé un poco.
—Óscar, ¿te sientes mal en alguna parte?
Seguro p