Miré fijamente al hombre frente a mí y, con un tono sombrío, le pregunté:
— ¿Cuándo he tocado yo a la señorita Viviana? ¿Dónde lo hice? ¿Cómo lo hice?
El tipo no respondió en ese momento a mi pregunta. En lugar de eso, sacó su celular móvil y, abriendo una foto, enseguida me la mostró.
En la imagen, claramente se podía ver una escena en el borde del spa. Viviana, con un traje de baño que dejaba poco a la imaginación, y yo, dándole un masaje en los hombros.
Esa foto no dejaba lugar a dudas, confi