En los balcones de ambos lados, podíamos hablar sin ningún tipo de problema. Incluso era fácil saltar de uno al otro.
Estaba deseando que llegara la noche para poder saltar juguetonamente al balcón de forma discreta.
—Oscar, ¿cuándo se va a ir la señora de tu jefe? Luna me preguntó mientras estábamos en el balcón.
Le respondí: —No lo sé, depende de lo que ellas decidan. Lo que digan, eso haré yo.
Después de decir estas palabras, de repente me di cuenta de por qué Luna me había preguntado eso.
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