Cuando vi lo que hizo Carla, me quedé confundido por un buen rato. Pensé, ¿qué le pasa a esta mujer?
—¿Qué estás haciendo? le pregunté al instante.
Carla giró su cuerpo, se acercó a mi cama y, sin previo aviso, se sentó a mi lado.
Su cadera llena de curvas estuvo muy cerca de mí.
Con un tono de voz suave como en ligero susurro, dijo: —Me vas a contar todo lo que has estado haciendo estos últimos dos días, ¿qué pasa?
—Pregúntale a tu amiga María, ella sabrá todo. No quería hablar, así que le eché