Pensé: —¿Qué tiene que ver lo que dije sobre lo buena que es mi novia con tus virtudes?
Pero, como María me lo había preguntado, decidí responder con tranquilidad: —Claro que sí, tienes muchos puntos a tu favor, eres muy bonita, tienes un cuerpazo que despierta la envidia de todos, y, además, eres una hija de familia de plata. La suerte te acompaña.
—¿Y qué más? María en realidad no estaba satisfecha con mi respuesta.
Para ella, esas virtudes no eran en realidad virtudes que la destacaran de los