Comenzó una nueva ronda de juego.
Los tres estábamos pensando que sería genial hacer que la dueña del local perdiera una vez, para que, de esa manera, pudiera quitarse al menos una prenda. Después de todo, si no lo hacía, ninguno de nosotros estaría del todo tranquilos.
Pero, como suele suceder en estos casos, la suerte no siempre está de nuestro lado. Esta vez, la suerte de la dueña del local parecía ser especialmente buena.
Esta vez, la que perdió fue Carla.
¡Dios mío! Carla ya se había quitad