—Vamos al refugio de la Montaña Esmeralda, quiero pasar allí la noche.
Cuando lo escuché, no pude evitar preguntar rápidamente: —¿Entonces yo también tengo que quedarme allí esta noche?
—Claro, si no te quedas, ¿quién nos va a traer?
Viviana lo dijo con una naturalidad que me desconcertó por completo.
Pero yo no quería.
Si no regresaba, ¿cómo le explicaría a Luna?
Y también me preocupaba muchísimo el estado de ánimo de mi cuñada.
—No puedo ir, me temo que mi novia podría malinterpretarlo.— Bajé