Le dije a Sofía: —Anda, entra también, que el señor Mario te haga un masaje, sus manos son muy buenas.
—No tengo dinero, mejor olvídalo,— respondió Sofía, sacudiendo con timidez la cabeza.
Le dije directamente: —Yo me encargaré de los costos, solo entra.
Sofía me miró asombrada con sus grandes ojos, claramente sin entender.
No tenía intención de explicarle nada a esta ingenua chica.
Solo le dije: —¿Qué me miras? Entra ya, eres la prima de Luna, que es como mi prima, así que es normal que te ayud