En ese preciso momento, me sentí algo provocado por María. Mi actitud no lograba suavizarse, y en lugar de eso, empecé a discutir con ella de manera inútil: —Eres realmente, una mujer muy interesante. Me desprecias, pero aun así has tenido relaciones sexuales conmigo varias veces.
—¿Estás intentando humillarme a mí, o te estás humillando a ti misma?
—¡Cállate! Ya te dije que no vuelvas a mencionar esas cosas, — me gritó furiosa María.
Respondí con rabia: —No es que yo quiera mencionar esto, pero