Mario, emocionado al máximo, frotó las manos con entusiasmo y dijo con determinación:
—Bien, voy a intentarlo.
Y con paso decidido, se dirigió a la habitación.
Sin embargo, ni siquiera pasó un minuto antes de que saliera corriendo despavorido, con la cara pálida y una sonrisa amarga.
—No, no, no, imposible. Esa mujer tiene un temperamento demasiado fuerte. No puedo con ella.
Miré a mi alrededor, tratando desesperado de encontrar a otro voluntario.
Pero todos los demás compañeros se dispersaron e