Este tipo, con solo mirarlo, era evidente que entrenaba con regularidad. Su físico musculoso y la forma en que se movía dejaban claro que no era simplemente un aficionado.
Yo, en cambio, nunca había entrenado. No tenía la más mínima posibilidad de superarlo en fuerza o velocidad.
Mi única oportunidad de ganar radicaba solo en mi capacidad para localizar con precisión sus puntos de acupuntura. Si lograba insertar mis agujas de plata en los lugares adecuados, podría inmovilizarlo por completo.
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