Aunque en mi boca no dejaba de decir cosas malas de Paula, en el fondo seguía importándome.
Precisamente porque me importaba, cuando supe que solo me veía como un juguete, me enfurecí demasiado.
Me enojaba que pudiera tratarme de esa manera tan absurda.
Me enfurecía no ser su único hombre.
Sé que pensar de esta forma puede parecer egoísta, pero en cuestiones de sentimientos, todos somos egoístas, ¿no?
Todos desearíamos que las mujeres hermosas solo tuvieran ojos para nosotros.
—¿Estás enamorado