Regresé a mi cabina, cerré la puerta detrás de mí y finalmente pude disfrutar de un momento tranquilo para hablar con Luna.
En la pantalla, Luna me sonreía con esa expresión cálida que tenía un efecto casi mágico: solo con verla, todo parecía estar bien en el mundo.
—Luna, te he echado de menos —, le dije con sinceridad a través de la videollamada.
—¿Y si tanto me extrañas, por qué no me llamas primero?, respondió ella con una mezcla de reproche y dulzura.
—Tienes toda la razón, fue mi error. Pr