Aquilino estaba dejando en claro a Manuel que debía comportarse y no hacer nada inapropiado.
El marido de la señora Elara no era alguien con quien meterse, y además, el mal humor de ella al salir ayer no pasó desapercibido.
Aquilino sabía muy bien que Manuel tenía intenciones hacia la señora Elara, así que sintió la necesidad de advertirle: si quería aprovechar esa oportunidad, debía actuar con mucho cuidado y no sobrepasar los límites establecidos.
Manuel, completamente entusiasmado con la idea