Si no había más opciones, tendría que inevitablemente romper la puerta.
Pero para eso necesitaba la cooperación de Luna.
Luna me hizo una señal con los ojos, indicándome que debía proceder, que ella se encargaría de vigilar a Sofía.
Tomé con agilidad una botella de hidratante muy pesada del tocador, que parecía un ladrillo por lo densa que era.
Luego me acerqué cauteloso a la puerta del baño.
Justo cuando me disponía a romperla, vi una sombra que apareció en el umbral.
Y no era cualquier sombra,