Mi hermano no dejaba de fumar.
Podía sentir que estaba muy inquieto, su estado de ánimo estaba claramente alterado.
Yo también me sentía incómodo, como si algo en ese momento estuviera pesando en mi pecho.
No me quedó más remedio que intentar consolarlo: —Hermano, no te desesperes, la medicina de hoy en día está ya muy avanzada, seguro que hay un tratamiento que puede solucionar tu problema.
—Óscar, no me consueles. Yo sé perfectamente cómo está mi cuerpo, — respondió mi hermano, su voz sonaba d