Y Luna, como siempre, seguía siendo extremadamente cautelosa, preocupada de que alguien pudiera vernos.
—No, no puedo. Aún no me he divorciado, — dijo con un tono casi de reproche.
Me acerqué cuidadoso a su oído y le susurré suavemente: —Pero ya hemos hecho el amor varias veces, ¿por qué te preocupa tanto entonces que te tomé de la mano?
La cara de Luna se sonrojó de inmediato, llegando hasta su cuello. Con una timidez evidente, respondió: —Eso no es lo mismo. Nadie puede vernos hacer... ese tip