María no podía hacer nada, ni decir nada al respecto.
Por dentro, sentía como si una mezcla de emociones la estuviera destrozando. Era un torbellino de frustración, impotencia y algo de rabia contenida que no sabía en ese momento cómo manejar.
Al llegar a casa, se dejó caer sobre la cama, pero el sueño no llegaba. Se revolvía de un lado al otro, incapaz de quitarse de la cabeza todo lo que había sucedido esa noche.
La situación la había impactado más de lo que estaba dispuesta a admitir.
E