La mesa estaba llena de comida; mi cuñada había preparado una cena realmente abundante y especial.
Mi hermano incluso sacó una botella de vino que llevaba años guardando, como si este fuera un momento especial que merecía celebrarse a lo grande.
Era evidente que todos habían planeado esta reunión con mucho esmero.
Una vez que todos se sentaron entusiastas en la mesa, mi hermano levantó la botella y la abrió con un gesto ceremonioso. —Hoy es un día magnífico para celebrar. Mi hermano Óscar