—Maldito Eric, ese desgraciado. No solo quiere acostarse con mi esposa, sino que ni siquiera se molesta en ofrecerme algo a cambio, — masculló furioso Raúl entre dientes.
Lo que más lo enfurecía no era que Eric quisiera dormir con su esposa, sino que él pretendía hacerlo sin ni siquiera hacer el esfuerzo de enviarle a Luna a cambio.
Ahora, estando solo en casa, Eric perfectamente podría engañar a Luna para que fuera a verlo, pero no lo hacía. Nadie sabía si Eric realmente quería que él fuera con