Al día siguiente, Helena fue a la oficina de Shinguen S / A, pero no fue por trabajo ... sino para ajustar cuentas con Roberto. Y como contadora, supo liquidar cuentas como nadie.
Y si tuviera que hacerlo, también golpearía esa cara engreída suya.
Ni siquiera después de la maravillosa noche que había pasado en los brazos de Sabriel fue suficiente para hacerle olvidar lo que ese abogado de mierda, como lo llamaba Luiz, le había hecho. Fue decidido.
Caminó por el vestíbulo y saludó a todos como d