¡Y ella fue!
Fue a cambiarse de ropa, buscar su maleta y su pasaporte. No había nadie en casa en ese momento y agradeció a los dioses por eso, para no tener que despedirse de nadie, pero se aseguró de dejar una nota explicando la situación.
Miró alrededor de su casa por última vez. Helena estaba muy feliz en esa casa, que fue comprada, construida y renovada con gran sacrificio. Recordó las fiestas de cumpleaños que solía celebrar con familiares y amigos del colegio y las típicas fiestas griegas