Massimo
Al día siguiente salí temprano hacia la oficina, no podía estar tranquilo, la duda sobre lo que me había dicho Jane llegaba por momentos a mi mente, trataba de dejarla pasar, pero llegó el momento que ya no pude soportar la incertidumbre, así que salí de la oficina para dirigirme hacia la casa de mi padre.
Mi padre sonrió con autosuficiencia al verme, no se que es lo que pasó por su mente, pero yo solo podía sentir desprecio al tenerlo frente a mi.
—Massimo, hijo, qué bien que vienes