PUNTO DE VISTA DE TERESA
La mano de Carlos seguía en mi brazo. Su agarre firme pero no doloroso. Solo lo suficiente para impedirme huir.
«¿No me ves?», preguntó de nuevo.
Intenté soltarme. «Carlos, no hagas esto…»
«¿No me ves como hombre?». Su voz se quebró. «¿Como alguien digno de ser amado