«Carlos…»
Arrancó el motor.
«¡Espera!». Golpeé la ventanilla. «Por favor, solo… déjame explicarte…»
«No hay nada que explicar, Teresa». Por fin me miró. Sus ojos estaban húmedos. «Lo amas. Siempre lo amarás. Lo entiendo».
«No es tan simple…»
«En realidad, sí lo es». Puso marcha atrás. «Esp