El despertador chilló a las cinco y media, arrancándome de un sueño que apenas había durado cuatro horas. Golpeé el teléfono hasta que el ruido cesó, y me quedé allí tumbada mirando el techo, mi cuerpo gritando por solo cinco minutos más. Pero cinco minutos se convertirían en diez, y diez en veinte,
Leer más