PUNTO DE VISTA DE TERESA
Salí del despacho de Rafael con unas piernas que no sentía como mías.
Detrás de mí, oí el primer estruendo. Algo pesado golpeando el suelo. Cristal rompiéndose.
Seguí caminando.
No miré atrás. No podía mirar atrás. Si me daba la vuelta, si lo veía destrozando su despacho por lo que acababa de hacer, correría de nuevo allí y me retractaría de todo.
Y no podía hacer eso.
Mi escritorio estaba exactamente como lo había dejado quince minutos antes. La pantalla del ordenador