William fue llevado a la villa. Estaba cubierto de sangre, su ropa destrozada; la tela blanca ya no mostraba su color original.
Su cara estaba llena de golpes, y con un ojo tan golpeado que casi que ni podía ver.
Yacía en el suelo, tosiendo sangre sin parar. Luego giró sobre sí mismo, se tumbó de espaldas y comenzó a reír a carcajadas.
—Jorge… Jorge…
Había perdido un diente frontal, lo que hacía que su voz sonara extraña, con un silbido molesto.
—Deberías haberme llevado directamente a la Oficin