Amanda llevaba mucho tiempo acumulando resentimiento contra Catalina.
La agarró del cabello y le dio varios golpes con el puño. Catalina, con su pierna herida, no tenía fuerza para resistirse, y solo podía gritar de dolor.
Poco después, la puerta de la habitación se abrió. Amanda se sacudió la bata con tranquilidad y salió como si nada hubiera pasado.
Catalina, acurrucada en la esquina, tenía el rostro hinchado, la nariz sangrando y el cabello completamente desordenado.
Con las manos temblorosa