—Por eso, hiciste bien en golpearla.
Mientras decía esto, él se acercó, y su aliento cálido rozó la mejilla de Amanda, una combinación entre canela y café molido.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, sus orejas se pusieron rojas, y dio un paso hacia atrás.
Su cerebro quedó en blanco por unos segundos; por un instante, pensó que Jorge iba a besarla, no pudo sentir más que asco, él la mantenía privada de su libertad, de nuevo.
Él la miraba con seriedad, con una intensidad ardiente en los ojos.
Y