Las palabras de Amanda fueron tan contundentes que nadie se atrevió a replicar, ni a refutar.
Había puesto en juego su propia vida.
—Bien, eres valiente. Ahora quiero ver cómo logras salir a flote esta vez.
El vicepresidente, furioso, abandonó la sala.
Catalina miraba su vientre con asombro.
—¿Estás embarazada? Amanda, ¿me estás mintiendo? ¿Verdad? Nunca he escuchado a mi hermano hablar de eso…
—Tony, vámonos.
Amanda no le dirigió ni una mirada a Catalina, girándose para salir mientras ella gri