Héctor pidió que entraran con el dinero del rescate.
La persiana se levantó y, una vez que ambos hombres estuvieron dentro, se cerró de nuevo.
—Viviana, Amanda…
Lucas pronunció los nombres con urgencia.
—Viviana, ¿estás bien?
—¡Lucas, sálvame!
Finalmente, sus ojos se posaron en Viviana.
—Hermano, tengo mucho miedo, por favor, sácame de aquí. No quiero morir aquí.
Jorge al escuchar esto, empalideció y su ceño se frunció, apareciendo gotas de sudor en su frente.
Esa escena le recordaba algo que ha