—¿¡Te voy a acusar, como te atreves!? ¡Ustedes dos, vengan a ayudarme ahora mismo! —gritó Catalina, llamando a los empleados.
Los sirvientes, que evidentemente estaban del lado de Catalina, se abalanzaron sobre Amanda y la agarraron. Aunque sus movimientos parecían inofensivos, Amanda podía sentir cómo aplicaban fuerza en lugares específicos, utilizando técnicas sutiles para hacerle daño sin que pareciera evidente. Mientras la sujetaban, pellizcaban sus brazos con fuerza, le apretaban los muslos