De una la puerta se abrió y Amanda vio la alta figura de Jorge, instintivamente se enderezó, intentando no lucir tan desaliñada.
—¿Qué tal estuvo el hospital? ¿Es de seriedad?
—Ella tiene un trastorno congénito que no le permite una propia coagulación en la sangre, así que en casa siempre tenemos mucho cuidado de que no se lastime. No podemos permitir que se corte, porque la sangre no se detendría fácilmente.
—¿Tan grave? Yo… yo de veras juro que no la empujé…
—Lo sé muy bien.
—¿Tú… de veras lo