William sintió el dolor del mordisco y la miró con rabia, pero no se salió de sus cabales, ni mucho menos la golpeo. En cambio, con su otra mano, apretó con fuerza la mandíbula de Amanda como si quisiera lastimarla a cambio de la mordida. Amanda, siempre de carácter fuerte, decidió que, incluso si le dislocaban la mandíbula, mordería con más fuerza.
Ambos parecían fieras rapaces enfrentándose. Pero en ese momento, Jorge llegó apresurado.
—Amanda, por favor suéltalo.
Amanda, que hasta hace un mom