El mesero seguía merodeando, como si la estuviera buscando. En cuanto la vio, se dirigió hacia ella con decisión. Llevaba una copa de champán en la bandeja.
—Señorita, ¿desea usted beber algo?
—No tengo ganas de nada ahora, pero me gustaría ver a alguien más beber. ¿Qué tal si te tomas esta copa? Te daré quinientos si lo haces, ¿Vas entonces?
El mesero sonrió nerviosamente.
—No me atrevo, esta copa es solo destinada para los invitados importantes, yo no tengo derecho. Además, tengo problemas de