Treinta pisos... Pensé, mientras sentía que el aire simplemente no me llegaba a los pulmones.
Por fin llegué. Di el último paso hacia el último escalón y casi me caigo de bruces. Venía sosteniéndome como podía de las paredes y de las barandillas de la escalera de emergencia; estaba completamente agitada, sin una pizca de aire y con el sudor empapándome todo el cuerpo. Dios, ¡¿qué clase de corporación multimillonaria deja que los ascensores se dañen de esa manera?! No sentía las piernas y, cuand