Andrea
—Te ves preciosa.
Andrea bajaba lentamente la escalera, la tela de su vestido deslizándose con gracia sobre cada peldaño. Su esposo la esperaba al pie, con esa mirada de adoración que siempre le dedicaba. Para él, ella era lo más precioso de la vida, aunque aún no sabía que pronto alguien más competiría por su amor.
—No te creo —respondió ella con una sonrisa escéptica—. Siempre me dices lo mismo.
Él la detuvo suavemente, tomándola por la cintura, y la miró a los ojos con intensidad.
—Pa