35: La búsqueda.
En su habitación, Emma se abrazó a sí misma.
—No voy a llorar, no puedo llorar…no voy a llorar. — se dijo a si misma musitando casi en silencio.
Aquello, por supuesto, era obra de Mónica y Eduardo, pero aun y cuando disfrutaban poniendo el dedo en la llaga una y otra vez, no les daría la satisfacción de verla derrotada, no les dejaría tampoco ver una sola de sus lágrimas. Estaba harta de sus burlas, estaba harta de que se regocijaran en su dolor. Era el momento de ponerles un alto a su manera.