119: El remedio de todo.
Aquella mañana, para variar, comenzaba con violentos golpes en la puerta. Daniel se apresuraba a abrir sintiéndose realmente irritado, seguramente Rebekah había decidido que todavía no tenía suficiente de ella. El timbre y los golpes en la puerta sonaban con tal insistencia, que era mucho más que obvio que ella en realidad estaba aún más furiosa de lo que encontraba el día anterior.
—Maldición Rebekah, ¿Qué no te quedo claro? No quiero ver…
Daniel no había terminado de hablar cuando Enzo lo h