74. Es una venganza
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Las luces bajas, el olor a cuero y bourbon caro, y el murmullo de ejecutivos hablando de dinero, poder y estética llenaban el espacio como una niebla invisible.
La puerta se abrió y el murmullo cesó por un segundo.
Jazmín Ravencroft entró como si el lugar le perteneciera.
Vestido negro ajustado, labios carmesíes, mirada de diamante.
A su lado, Nathaniel Luther, impecable en un traje oscuro, la escoltaba como un lobo a su loba.
Los ojos masculinos no tardaron en posarse sobre ella. Con descar